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¿Qué aprendimos? Las 50 lecciones que nos deja el populismo

No creo llegar nunca al estado mental y emocional para agradecer la llegada de López al poder, pero hoy estoy convencido de que lo necesitábamos para despertar, y para reconstruir el país, y crear una mejor democracia que aquella que habíamos construido. Pero eso no va a suceder si no recopilamos y aprendemos de las lecciones que nos deja su terrible paso por el poder. Yo recuperé 50 del invierno populista. Estas son:

  1. Si un político manda al diablo las instituciones y sugiere que quiere destruirlas, es importante creerle
  2. El contenido y la supuesta intención de los discursos de un político son mucho menos importantes que sus acciones y sus decisiones concretas, en espacios de poder
  3. Los “iluminados” son siempre un peligro, hasta para ellos mismos y sus supuestos ideales iniciales
  4. Los proyectos políticos unipersonales nunca traen beneficios generales
  5. Los odios y los rencores acumulados de un político sí se transfieren directamente a la toma de decisiones de gobierno, que además se convierte en un instrumento de venganza
  6. Un político lleno de inseguridades ejercerá el poder para esconderlas, y se rodeará de paleros sin carácter, para que aquellas nunca sean reveladas
  7. Por más que un político intente construir artificialmente un personaje, el tiempo se encargará de exponer a quien intenta personificarlo
  8. El poder no saca lo peor de las personas, sólo revela aquello que estaba escondido, porque magnifica cada rasgo de la personalidad
  9. La capacidad, la ética, la integridad y la preparación del equipo de gobierno es tan importante como el conjunto, de esas mismas características, de quien los dirige
  10. La historia personal de un político cuenta, y cuenta mucho, no porque los defina para siempre, sino porque puede condicionarlos irremediablemente
  11. Para un populista es impensable que su paso por el poder no sea un “antes y un después”, que además todos debemos agradecer, una “transformación” histórica que era imposible sin él
  12. Un populista siempre dirá que él es el mejor, y hasta el único intérprete válido de los deseos y aspiraciones del pueblo que gobierna
  13. Para un populista la corrupción es sólo aquello que beneficia a los otros
  14. Para un populista el conflicto de interés es sólo aquello que no promueve sus propios intereses
  15. Para un populista no existe el debate político democrático, sólo existen los amigos y los enemigos, y a los segundos es necesario destruirlos
  16. El populismo vive del conflicto binario, y lo alentará en todo momento, porque se diluye con la diversidad y la complejidad que surge del debate entre individuos libres y diferentes
  17. El populismo necesita enemigos, y si no los tiene a la mano, los fabrica, porque sólo así puede justificar el abuso de poder y la desobediencia a la constitución y a las leyes
  18. El populismo es una enfermedad de las democracias porque suele surgir de ellas, se alimenta de éstas, para luego intentar destruirlas
  19. El populismo no es exclusivo de México, pero ha prendido como fuego en pastizal seco porque encontró un país lleno de injusticias, desigualdades, personas olvidadas y proyectos políticos que no incluían a todos
  20. El populista no quiere acabar con la injusticia y la desigualdad, las necesita para mantener prendido el fuego del enojo social y la desconfianza en aquellos que llama “los de antes”
  21. La construcción de una democracia nunca acaba, y, por lo tanto, no es buena idea bajar la guardia, nunca
  22. Las instituciones que contienen y controlan el poder nunca serán perfectas, pero siempre es mejor tenerlas, incluso imperfectas, que no tenerlas
  23. Las democracias son una delicada combinación entre una buena construcción institucional, actores que la cuidan y la ejercen, y eventos externos que la ponen a prueba
  24. La democracia es sólo el andamiaje institucional mínimo que regula y controla el poder, pero la calidad de una democracia y sus resultados dependen de sus actores y sus decisiones
  25. La democracia se puede convertir fácilmente en el método que escoge un aspirante a tirano para llegar legítimamente al poder, con la intención de destruirla, desde el poder
  26. La constitución de una democracia debe ser mucho más que un documento histórico que contiene relatos y aspiraciones políticas o sociales, es la norma suprema que monopoliza el origen del poder público
  27. La constitución como norma suprema que funda, regula y contiene el ejercicio del poder es un buen instrumento para contener las aspiraciones tiránicas
  28. Hacer valer la constitución sobre cualquier autoridad o grupo político es la manera más justa y objetiva de crear seguridad para todos
  29. Pisotear la constitución debe traer consecuencias jurídicas y políticas, concretas y personales, para que sea un instrumento útil
  30. Si la constitución de un país funda y regula el poder, es obligación de los ciudadanos conocerla e involucrarse directamente en cualquier intento de reformarla
  31. La división de poderes debe ser mucho más que simplemente trabajar en edificios y oficinas diferentes
  32. Quienes obtienen votos, popularidad y aprecio social suelen desdeñar a cualquier autoridad que regula, vigila o frena el abuso de poder
  33. No existirá nunca división de poderes cuando los integrantes del poder legislativo creen que su jefe es el titular de otro poder, porque de él depende su chamba, y no de sus electores
  34. Crear, abrogar o modificar leyes no puede ser una función que dejamos en manos de cualquier ambicioso capaz de obtener una candidatura en su partido
  35. En el diseño, prioridades, ejercicio y control real del presupuesto público encontramos claramente las prioridades reales de un grupo político
  36. Los discursos, aspiraciones, promesas y símbolos políticos no son políticas públicas, no son obras publicas y no son resultados de gobierno
  37. Las obras públicas inútiles e inconclusas son sólo obras inútiles e inconclusas, y no “logros en construcción”
  38. Las obras públicas que duplican o triplican el presupuesto inicial son un fracaso, aunque se concluyan algún día, porque ya le quitaron dinero, con mentiras, a otras prioridades de gobierno, con grave e irreparables consecuencias en muchos casos
  39. Cuidado con los políticos que creen que el presupuesto público es una cartera personal sin fondo para beneficio personal y familiar, y para regalar dinero y después exigir agradecimiento personal a los beneficiarios
  40. El dinero público regalado sólo trae beneficio a quien se dice responsable de regalarlo y a quien lo recibe, y rara vez beneficia a la sociedad que lo aporta
  41. Todos los partidos políticos, como organizaciones compuestas de seres humanos imperfectos, son organizaciones imperfectas, pero, definitivamente, hay unos peores que otros (personas y partidos)
  42. Los partidos políticos son un mal necesario de las democracias, y, por eso, los ciudadanos debemos involucrarnos en sus liderazgos, diseño, estructura, métodos y propuestas, o sufrirlos tal como son hoy
  43. Es importante creerle a un partido político que afirma que es más importante una persona, que todos los electores que votan por ellos
  44. Si existe algo peor que la peor versión del PRI, más nos vale entender esa lección
  45. El cambio de un político a otro partido no lo “purifica”, sólo le enseña nuevas mañas
  46. Muchos medios de comunicación masiva prefieren estar cerca del poder político, que del poder de la verdad.
  47. El flujo constante del dinero es más importante para muchos millonarios que la calidad de la democracia en la que fluye ese dinero que tanto aprecian.
  48. El dinero público es un efectivo silenciador de consciencias y principios.
  49. La ciudadanía es una quimera sin rostro, hasta que deja de serlo, porque se convierte en la única forma de recuperar el país robado por unos cuantos miserables.
  50. La única forma de contener el populismo y aspirar a derrotarlo es a través de una ciudadanía compuesta de individuos libre, valientes, bien informados, que asumen causas sociales y que creen que son los dueños de una democracia en reconstrucción.

Esas son 50 lecciones que yo extraigo de estos años del invierno populista. Estoy seguro de que no son las únicas, y sé que se seguirán sumando otras, hasta el final del sexenio. Más nos vale poner atención, reflexionar sobre cada una, asumir la responsabilidad compartida que tenemos cada uno de nosotros y generar un compromiso hacia delante, para pasar a la Primavera Mexicana.

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